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Santos, Julio Ventura (n. 1954)

CALLES DE SANTIAGO 

Silencio, sólo hay silencio perdido,

que pesa como una losa, que me aplasta

y me destroza y, no puedo levantar.

Camino junto a tu lado,

realidad y recuerdo embriagado,

en el silencio te busco y no te encuentro.

Sin embargo, se que estás ahí,

perdida en el horizonte

de un vano pensamiento.

Siento el eco de tu presencia

que dulcemente me atormenta

y hace que dentro de mi

sienta con más intensidad tu existencia.

Se me rompe el corazón

al ver que mi torpe vanidad pudo permitir sin razón,

esta tremenda atrocidad de apagar la llama del amor

y perderme en eterna oscuridad.

TU GRAN HERIDA
 Te amé,

y sólo por eso siempre te amaré,

 Me basta saber que fui tu gran herida,

verlo todo quería, traspasar horizontes,

perderme, perderme en la lejanía.

 Quiero que hables conmigo,

quiero que veas mi duelo,

quiero que sepas que peno

y compartas mi sufrir.

 Quiero hablar contigo,

quiero contarte mis penas

y escucharte en escenas

de un ayer que se perdió.

 Quiero hablar contigo,

que muevas hoy mi fé

y asegures que esa espina

no destrozará nuestro ser.

 Quiero hablar contigo

quiero que siempre estés conmigo,

¡Ven!

AL LLEGAR LA NOCHE 

Al llegar la noche,

de nuevo me amarás

cual corresponde

de nuevo te amaré

cual te mereces.

Y haremos que Dios

escuche nuestros ruegos y preces,

y que nos funda en un abrazo que florece.

Él sabrá engordar el sacro idilio

que mantengo en prudencia

con la rosa más real,

más sutil y complaciente,

a la vez que lo es, la más hermosa.

TU MIRADA

Además, amada mía

pudiera ser que pudiera

que tu mirada y la mía

en perfecta sintonía

en la estrella coincidiera.

Te pido mi amor

un noble giro hacia el pasado,

si así haces, nuestro amor será salvado.

Pues después de ti,

me queda el nada,

antes de tí,

del nada era.

CELOS DE AMOR

Esa noche, mi luz,

en que fuimos a un nido de amor

que nos era cobijo con cielo claro y limpio,

adentrados en él, bien nos quisimos.

A la noche, la luz, y las estrellas,

brindaste tu perfecta desnudez

en concurso con todas las mas bellas.

Por saberse la luna relegada

ordenó a toda nube que sus celos

tormentasen sobre mi bien amada.

DUDAS

Bajo la tenue luz de un sacro templo

en robustas columnas apoyado

porque urgía que así fuera jurado

en silencio obligado,

juré a mi amor que la quería.

Por respuesta, un silencio inmaculado

afín con el silencio que allí reinaba

a lo más, una mirada de soslayo

en nefasto quehacer y reproche.

Tengo dudas, Señor, tengo dudas,

pues no debo olvidar que esta reina

no fue amada jamás cual se merece.

Mi torpeza y desvarío en celos enmarcado,

golpeó en el alma a mi dulce bien amada.

Has prestarle tu luz, Señor,

para que vea con esa claridad que rinde al sueño

que en verdad yo la amo consecuente

y que tu luz, también alumbre esa senda del amor

que en penumbra ha quedado.

Has prestarme tu luz para que vea,

que en verdad yo me ofrezco enamorado.

SI ALGÚN DÍA

Si algún día, mi amor, yo no viniera

hasta el nido de amor que nos cobija,

has pensar en labor más que prolija,

o que el rayo o la nube me muriera.

Si otra cosa, mi amor, me sucediera

escapara por la ínfima rendija

y a tus brazos de amor yo me viniera.

Un mandato divino me frenara

si a la vez que la orden recibida

un dardo el corazón me traspasara.

Si algún día de ti fuera salida

la orden de que raudo me matara

muriera en recuerdo de tu vida.

CON PASIÓN

No deseo, mi amor, verte en tristeza

ni tampoco en desdén ni en apatía,

pues es ancho abanico tu valía

y al fénix es rayona tu belleza.

Has dejar que el ardor y la vileza

que ya sabes que son en compañía

mancillen a tu cuerpo en cercanía

y a la fuga se den sin extrañeza.

Has dejar que se miren en tus ojos

aquellos que pasado poco tiempo

vejaran con la lengua tus despojos.

Has dejar, dulce amor, que tu cintura

y el bello prominente de tu pecho

den sosiego a su ardor y calentura.

SÓLO SOY UN HOMBRE

 No me taches de rarezas.

Sólo soy un hombre,

que desea ser aquello

que nunca seré.

 Soy un hombre,

que nunca seré aquello

que un día quise ser.

 O quizás sea el hombre,

que nunca pueda

llegar a hacerse comprender.

UNA ESTRELLA

 Una estrella venida de la noche

tuvo a bien asomarse a la ventana

donde mora una reina clandestina

que ha morir a mis ansías y desvelos.

 Cubrió con su haz de luz sus desnudeces

y a partir de ese instante bendecido,

cual rosa que se diera un fresco aroma

transpiran los perfumes que me embriagan.

 No sabría decirte si son sus senos

los que me atrofian la mente

que me induce a pensar

que su cuerpo se reduce

a un torax además embellecido.

 O fuera que sus muslos me reclaman

allende del placer que me produce

tactar su tersa piel con estas manos

venida de ese mundo de entre estrellas.

 Tal vez, la brevedad de su cintura

se esfuerce en comprobar que mis abrazos

la invaden en rendir de su impaciencia

por saber que el centro de un camino

que ha llevarme a saciar mis apetencias

 O fuera que sus ojos me reclaman

en deseo voraz de fulminarme

por saber siempre debo amarla

vencido el monolito de la duda.

 Fuese acaso el placer que me produce

buscar sus lindos labios con mis labios

la última razón que me emancipa,

de un mundo en desamor terco y cansino,

y a no ser que ella me renuncie,

en brazos moriré de su destino.

 

PUDIERA SER QUE PUDIERA

 Pudiera ser que pudiera

vivir emancipado

y por libre gozar de las estrellas,

así como enzarzarme con doncellas

feliz por no sentirme enamorado.

 Pudiera ser que pudiera

ser el más desarraigado

y adornarme de cosas todas bellas,

así como evadir a las centellas

que pudieran hacerme torturado.

 Más no logro a ese evento dedicarme

desde el día que dime a enamorarme,

una hembra torcaz se halla empeñada

en hacerme seguir tras sus pasos,

y de ahí que sean tan escasos

los asuetos que me ofrece mi amada.

 

PUDIERA SER QUE PUDIERA 

Cuando sepas lo mucho que te quise

y del tiempo a ello dedicado

te pesará, sin duda, lo que has hecho

al saberme por ti tan mal tratado.

No es amar cual tu dices, mi lucero.

amar es traspasar el horizonte

y en postura no falte de trasmonte

brindar a un vasto mundo

un gran te quiero. 

Tampoco es amar, mi dulce adorada,

amar es remontarse a las estrellas

en concejo calad con todas ellas,

y ver si alguna murió sin ser amada.