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Pastrana, Ana Cristina

Ana Cristina Pastrana, pintora leonesa, ilustradora y escritora.

Todo lo que somos

 Todos los caminos son cartas que jugamos

y los juegos que perdimos,

miedos que ocultamos.

Todas las palabras calladas,

son delfines varados,

y las varas con que medimos,

la medida que no damos.

 Todos los deseos, que enterramos,

son arpones que nos hacen sentirnos

ladrones y no pájaros.

 Todo lo que vale la pena,

duras penas lo embarcamos, 

y lo echamos de menos

cuando se va en otros barcos.

 Todo lo que fuimos 

y aquellos a lo que no llegamos

nos asalta en el espejo

cuando sólo nos miramos.

 Todo lo que perdimos 

y lo perdido que estamos

nos hace sentirnos lejos

de lo que siempre amamos.

 Todo el amor que, por miedo,

apenas destapamos,

hipoteca nuestras vidas

y encadena nuestras manos.

 Todos los hombres son niños

que se refugian en su infancia

y todas las patrias y banderas

son infancias sin nombre.

Para todos los días

que nacieron en blanco,

para los días pensados,

los días vividos,

para el recuerdo

y la esperanza…

para las mujeres

que luchan por

cambiar el mañana.

Para este día

Para este día que te asalta

he pintado un cielo verde con horas blancas,

un palomar de retos

que se estiran en el aire que les mima y les regla,

un acordeón de luces

y una partitura de soles que se miran y se abrazan.

 Para este día que me mira

he reciclado las sonrisas que me faltan,

los sueños que me robó

la frustración y el desengaño ayer por la mañana,

las horas que se escurren

de tus manos cuando me piensas y me hablas.

 Para este día que nació nuestro

a pesar de ese mar que nos tienta y nos separa,

he diseñado los besos

que se siembran cuando nos guiña la esperanza,

los sueños que cada mañana

iluminan el rostro del que amamos y nos ama.

 

Reina por un día

Para que te sientas como una reina

y retomes la infancia,

he decidido liberarte

de las piedras que amontonas

en la curva de tu espalda,

planchar las frustraciones

que te condenan al olvido

y enmudecen tu garganta,

hilar el sol de tus pupilas,

conjugar la noche con el día,

roturar el tedio y la costumbre

con la verdad y la esperanza,

apagar el infierno que te nombra,

encender el cielo que te falta,

zurcir los rotos de tu vida,

la ansiedad y el frío de tu boca,

deshacer los miedos de tu falda,

desterrar las etiquetas que te tizna,

la inseguridad que te limita,

la incertidumbre que te asola,

el sufrimiento que te embarga.

 Y ahora… amada mía,

libre… libre ya de cargas,

sujeta lo que más vale,

lo que se esconde entre pecho y espalda.